miércoles, 27 de junio de 2012

La Universidad, plaza pública


La Universidad, plaza pública

 

Juan Raúl Muñoz Tejada

juandramunoz@gmail.com

 

Fotografía: K-milo Ríos

Gran parte de este texto se basa en el libro de Edgar Varela Barrios, Desafíos del interés público: Identidades y diferencias entre lo público y lo privado.

Cuando se habla de la Universidad de Antioquia (UdeA), nos referimos a “una institución estatal del orden departamental, que desarrolla el servicio público de la Educación Superior”[1]. Al  tratarse de un espacio público, supuestamente es un lugar en que todos los ciudadanos pueden confluir.

El Alma Mater, poco a poco ha sido convertida en un espacio semi-publico en el cual no todos tienen la oportunidad de ingresar, y antes de hacer referencia “simplemente” al ingreso al campus, se debe abordar la oportunidad que tiene cualquier persona de matricularse en un pregrado, posgrado, curso, etc., ya que esto también toca el tema de lo público y el derecho a la educación pública.

Edgar Varela Barrios define como una utopía que la totalidad de los bachilleres ingresen a un establecimiento público de educación superior, y dice que la validez del derecho igualitario al acceso se encuentra “en los exámenes de Estado realizados sobre la base de condiciones equilibradas que midan aptitudes  y conocimiento. La igualdad, en realidad, es siempre relativa”[2].

Este planteamiento tal vez aplique en algunos casos, pero en temas tan importantes como la educación, sería grave quedarse en  el conformismo, y aún más, si se comparan algunos ejemplos superficiales hechos por Varela como el limitado acceso al ballet por restricciones físicas.

Lo ideal sería, como dicen muchos estudiantes, que la educación no fuera un privilegio para pocos y en realidad fuera un servicio público (articulo 67); por lo menos así se encuentra plasmado en la Constitución Política de Colombia (1991). Pero la falta de infraestructura y la posible disminución de calidad educativa,  lleva a los filtros para el acceso.

Ahora bien, si el enfoque va a algo que para muchos podría ser superfluo como el ingreso de cualquier persona a la Universidad para actividades académicas (ingreso a la biblioteca), para actividades deportivas y lúdicas en más de diez espacios destinados y grandes zonas verdes; se encontrarían inconvenientes con la idea de espacio público.

Recogiendo varias tesis que  Varela plantea, lo público es “lo permitido al acceso de la comunidad”[3], tomado como un bien común, como un escenario de representación y de exigencia de derechos. “Un lugar de múltiples encuentros, de sociabilidades”[4].

Pero el problema radica en que el restringido ingreso de la comunidad convierte al campus en un espacio semi-publico, o ¿semi-privado?, en fin, en algo que no es tan público. Cuando hablo de restringido, me refiero al implemento de torniquetes en la portería metro, y todas las  cascaras que se le ponen para ingresar a una persona que no está matriculada o no tiene algún vínculo con la institución.

¡Pero si todos tenemos un vínculo con el espacio público!

La plaza no fue, sino que es el lugar por excelencia que constituye el ámbito de lo público, por lo menos en la UdeA, donde se tiene la Plazoleta Fernando Barrientos, el Teatro al aire libre (TAL), el Teatro Popular Comandante Camilo Torres Restrepo, el futuro coliseo y 29 bloques que pueden cumplir la función de plaza. En la mayoría de estos sitios nace el debate político, la discusión, se desarrollan las asambleas generales de estudiantes y por facultades, los eventos culturales, y también ocurren las revoluciones que plantea Varela. Recordemos que el proyecto de reforma a la Ley 30, se detuvo y se hará en conjunto, en parte gracias a estos lugares, a las actividades desarrolladas y planeadas por  quienes sentimos como publica la Academia.

Sí, la sentimos, o más bien tomamos muy literal el término “universidad pública”

Pero  cuando “la teoría política no se limita a describir una realidad sino que pretende ofrecer alternativas de mejorabilidad (es decir, estatuir un deber ser) (…)”[5], es cuando la represión del gobierno aparece. Hasta las evacuaciones físicas, son monitoreadas (recordemos también las pequeñas cámaras instaladas en los baños de algunas facultades y encontradas en el 2011).

La privatización de espacios también se muestra en puntos estratégicos del campus, donde cada día se emplean mas cámaras, que desde los lugares más altos pretenden homogeneizar a la comunidad, provocando una autocensura y borrando cualquier rastro de oposición a partir del miedo, el miedo a desaparecer porque tengo otros lineamientos y lo hago público entre compañeros, amigos, etc., el miedo a desaparecer porque hay policías y paramilitares encubiertos, porque me siento observado por el ojo que todo lo ve.

Por otra parte, muchos plantean que las ventas informales al interior de la UdeA son otro factor de privatización, ya que los vendedores, se apoderan de las mesas que son destinadas para debatir, estudiar, etc., pero esto parece un problema más de fondo, el Bienestar Estudiantil (que pretende fomentar el gobernador de Antioquia, no sé cómo) no tiene la suficiente capacidad para cubrir  con sus apoyos a todos los estudiantes que les hace falta un pasaje, una comida o dinero para un arriendo. Así que esto es un problema de privatización generado  por la administración, más que por los mismos estudiantes con sus ventas “ilegales”, como se refiere Sergio Fajardo. 

Tal vez el problema es que la Constitución Política de Colombia, donde muchos se apoyan a veces para reclamar su derecho a la educación, al espacio público, a la libertad de pensamiento, al libre desarrollo de la personalidad, etc., es una constitución con una visión teleológica, se basa en un proceso que supuestamente cada vez funcionará mejor.

Entonces por eso los artículos 16, 20, 67 y 82 casi nunca se cumplen, porque la carta Magna aún no funciona mucho. ¿Cuántos años debemos esperar para que nos dejen hacer buen uso de lo público?

Parece que todavía se está en la Edad Media y que para poder tener una preparación intelectual libre en la Universidad, se deben cumplir los modelos deseados por el gobierno de turno. Esta vez no convirtiéndose  en clérigo, pero si en vocero de la administración, sin generar opinión pública y sin hacer un uso adecuado de los espacios de la Universidad de Antioquia.



[1]http://www.udea.edu.co/portal/page/portal/portal/a.InformacionInstitucional/a.QuienesSomos/A.naturalezaJuridicaDomicilio
[2] VARELA Barrios, Edgar. Desafíos del interés público: Identidad y diferencias entre lo público y lo privado. Cali: Universidad del Valle, 2008. 232pp.
[3] Ibíd. 188pp.
[4] Ibíd. 214pp.
[5] Ibíd. 219pp.

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