domingo, 4 de septiembre de 2011

Qué viejos tiempos... (Por Stiven Loaiza)

Es melancólico observar aquella vieja universidad transformadora, esa universidad determinante y legítima, esa en donde los muros eran verbos, en la que se jugaba a la revolución y a veces se ganaba, a veces se perdía, pero siempre se intentaba. Qué bella universidad, los estudiantes pensaban y existían, los profesores educaban, luchaban y respetaban, todos sin temores, porque el poder popular medio se sentía, medio se vivía y hasta medio se gozaba.

Ahora… no queremos comparar, sería tal vez un error o un insulto, sería tal vez demostrar la incapacidad de muchos y la idiotez de otros, o también quizás, sería aceptar la enorme capacidad del poder económico sobre las luchas del pueblo. Más que comparar, se debería analizar y comenzar a especular, tal vez era la beligerancia, tal vez era la incapacidad del gobierno de implementar la ideología capitalista en su forma más monstruosa (es decir, su forma plena) o tal vez no fue “nadie”.

“Sin embargo la actualidad no es tan mala, miren ustedes, fíjense, ya tenemos cámaras por todo lado, unas que vemos y otras que no, eso sí es seguridad, tenemos carceleros, perdón, quise decir celadores, hasta con perros que no se sabe si son antiexplosivos, antidrogas o antiestudiantes, tenemos el acceso constante de la fuerza pública, quienes cuidan íntegramente de nosotros, inclusive pegándonos, pues así aprenderemos mejor, además, respetando los derechos humanos y atrapando a esos subversivos que se tapan la cara y que defienden sus ideales. Es que ahora la universidad es muy buena, ya no hay que trabajar (no dejan), ya no hay recursos, pero mejor, esa platica se está invirtiendo en guerra, a ver si arreglan este país. No, es que mejor dicho, esta universidad es lo mejor, no le falta sino que saquen a esos prehistóricos, dinosaurios revolucionarios, que no hacen sino trabajar dizque porque la universidad sea gratuita, que tenga más beneficios, que sea para y por el pueblo…”

Esta es ahora la universidad… muy lejos de ser pública, pero aún quedan rezagos, otros dinosaurios que creemos que la universidad es para el país, que la violencia no se puede convertir en un monopolio de estado, que la lucha por la legitimidad del estudiantado sigue presente, que se opone a una academia globalizante y productora de eficaces maquinas laborales, que confía en que un mundo humanista es posible, que se opone a olvidar a los que han caído por nosotros, que se niega a dejarse imponer atrocidades y que cree como lo decía el CHE,  que “La Universidad no es tuya ni mía, es del pueblo, por eso la universidad debe vestirse de colores, pintarse de indígena, de negro, de mulato, de obrero, de campesino, o si no, la Universidad debe cerrar sus puertas y el pueblo las abrirá y las romperá y pintará la Universidad con los colores que mejor le parezca”.

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